
Eika se puso un pantalón acampanado de cuero negro y, luego, sacó del armario una camiseta negra y violeta de tiranta ancha. Se estaba colocando una bota negra de plataforma, cuando Franxu entró en la habitación
Llevaba unas converses puestas, un pantalón vaquero, una camiseta blanca y, encima de ésta, una camisa roja. Sus ojos verdes tenían un brillo travieso, y la miraban con una sonrisa pícara
Llevaba unas converses puestas, un pantalón vaquero, una camiseta blanca y, encima de ésta, una camisa roja. Sus ojos verdes tenían un brillo travieso, y la miraban con una sonrisa pícara
- Eikasia… ¿Puedes venir un momento? – Ella le miró con los ojos entrecerrados
- Ahora voy… Y no me llames así, sabes que lo odio
- Ahora voy… Y no me llames así, sabes que lo odio
Franxu volvió a su habitación y, al cabo de unos minutos, Eika apareció por la puerta. Su amiga ya se había puesto las botas y los cuatro pendientes en cada oreja. Entró en la habitación, y le miró con una ceja arqueada
- ¿Qué querías?
- Plánchame el pelo… - Le rogó
Eika suspiró y cogió la plancha que le tendía Franxu. Su amigo se sentó y comenzó a peinarle su pelo rubio. Al terminar, bajaron la escalera y se encontraron con Ayumi, la hermana melliza de Franxu. A deferencia de su hermano, Ayumi era morena de pelo liso y largo. Lo único que la relacionaba con él, eran sus ojos verdes
Iba vestida con sus botines, un vaquero ancho, una camiseta roja de tirantas y una camisa encima de cuadros rojos y negros. Tenía el cabello recogido en una coleta alta, y llevaba tres pendientes en la oreja derecha y uno en la izquierda
Salieron a la calle, y echaron a andar mientras eran iluminados por las farolas. Al cabo de unos minutos, llegaron a una de las esquina de la plaza donde se alzaba un bar con un cartel oscuro que lo anunciaba. Se acercaron a la entrada, y el portero los detuvo. Después de asegurarse de que eran mayores de edad, les dejó pasar al interior. El bar estaba únicamente iluminado por las luces de los billares y las de la barra
Ayumi y Franxu fueron a sentarse, mientras Eika iba a pedir las bebidas. Cuando llegó a la barra, un chico castaño de sonrisa fácil le atendió
- Dime, dulzura… ¿Qué te pongo?
- Dos rones con cola y un legendario con cola
- Eso está hecho. Dame dos minuto – Comentó con una sonrisa
Y así fue… En dos minutos ya las tenía sobre la barra. Eika pagó y cogió los vasos con dificultad, antes de dirigirse a la mesa donde se encontraban sus amigos. Antes de llegar, chocó con alguien y casi se le derramaron las bebidas. Miró al desconocido, y se quedó con la boca abierta
Tenía el pelo negro recogido en una coleta baja que le llegaría a la mitad de la espalda. La camiseta negra se pegaba a su torso, marcando buena parte de su cuerpo. Los vaqueros medio rotos y desgastados, se ajustaban a la cadera, terminando en las botas negras. En su labio inferior había una espiral con dos pinchos, y en su oreja izquierda colgaba un aro. Eika se perdió en sus ojos marrones
- Perdón… - Se disculpó él
- No, la culpa ha sido mía. No miraba por donde iba
- Déjame ayudarte
Eika no puedo quejarse ya que, en cuanto dijo aquello, le quitó dos de los vasos. Lo condujo hasta la mesa que Franxu y Ayumi ocupaban, soltaron las bebidas, y Eika se giró a mirarlo
- Gracias – Le sonrió
- No hay de qué
- ¡Ferio! ¡Nos toca! – Gritó alguien por encima de la música
- Parece que te reclaman – Comnetó Eika y él asintió
- Hasta luego
Eika observó cómo se daba la vuelta y se internaba entre la multitud. Luego miró a sus amigos, y sintió como le subían los colores. Se sentó al lado de Franxu, y ellos la miraron
- Increíble, Eika…- Comentó Ayumi – No llevas ni media hora en el bar, y ya estás hablando con un tío bueno
- Tienes que decirme como los haces, chica
- La próxima vez te dejo ir por las bebidas – Le respondió a Franxu
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